domingo, 25 de febrero de 2018

El ser humano dedica toda su vida a buscar formas de evitar la muerte como si la misma fuera el peor destino, cuando lo que en realidad nos espera del otro lado sin duda es mucho mejor que esto.
A veces siento que estoy siempre a punto de irme.
Un par de días atrás una mujer me alentó a preguntarme qué cosas son las que me llevaré a la tumba, procurando guiarme, pero no sé qué respuesta honra a ese planteo. No sé qué va a quedarme de esta vida ni tampoco cuento con fuerza para forzarme a descubrirlo. Sufro una falta de control sobre todo lo que me atraviesa y me siento expulsada de este mundo, que me devora. Admiro a quienes sobreviven y entienden lo que verdaderamente importa; yo no soy una de ellos y necesito ayuda.

miércoles, 24 de enero de 2018

Falsos

Estaba desnuda, abandonando una casa en ruinas y llena de sordos en la que había estado llorando. Sólo tenía un libro en la mano y me abracé a él para cubrir mi pecho, en el que el miedo ya había encontrado cobijo. Era un libro de tapa blanca, con textos dorados y dibujos grises, de ficción, grande y que no había leído todavía. Era lo único bueno y lo único puro. Lo estreché con fuerzas y caminé, desechando las ganas de llorar. En mis manos sentí su textura.
El cielo se veía pálido y desalentador. Atravesé capillas unificadas en un circuito inquietante. En sus banquillos conté decenas de religiosos rezando con los ojos cerrados y ataviados con ropajes marrones. Seguía desnuda; sentía el aire contra mi piel. El libro cayó de mis brazos en un punto, pero no sé cuál. El miedo aumentó. Avancé, intentando esconderme. Las paredes se fueron tornando blancas y metálicas y el techo se hizo más bajo. Estaba en una instalación donde el hermetismo era un factor importante. Encontré dos salas de control con monitores conectados a cámaras de vigilancia. No había nadie controlándolos. Hallé cable y lo tomé, como si supiera qué me deparaba luego. El sitio era más opaco, fundamental, y se había cerrado sobre sí mismo, conmigo dentro de él. Sabía que no había tiempo y que no era opción detenerme a pensar.
Continué y percibí la cantidad de almas que estaban acompañándome. Eran muchas; no sé el número. Sentí la energía proviniendo del corazón del edificio y fui, sin vacilación. En el mismo vi mujeres jóvenes, algunas, desnudas, tratando de resistir a la fuerza de su captora, una mujer mayor que poseía un poder sobresaliente. Había gritos y locura y sentí en mis pulmones el hormigueo de la atmósfera cargada de electricidad. La mujer líder hacía dibujos amarillos en el aire y torturaba a las chicas. No era el infierno, pero era una instancia previa. Alcé mi vista a través de la estática y vi el rostro de la mujer. Tenía ojos pequeños y el cabello oscuro atado. Percibí que no era una mujer, sino alguien que conozco desde hace veintisiete años y medio, que estuvo ocultándose de mí todo este tiempo, y, recordando los consejos de los sabios, marché hacia ella con el cable en la mano. Intenté ahorcarla con él, pero el cable se deshizo sobre su garganta.
Me siento mareada al recordar.
La mujer sonrió y echó a reír cuando vio que ya no disponía del cable. Grité y les ordené a las chicas correr conmigo. Huimos de la torturadora y nos introdujimos en pasadizos que se enroscaban. El terror corría con nosotras. Los hombres del edificio estaban atrapados en otro lugar y no podíamos ayudarlos. Oíamos la risa de la mujer y no era la primera vez que las chicas intentaban escapar. Muchas lloraban. Sin salida, vimos un agujero a un lado del camino, en una ruptura del techo. Se habría roto una cañería cerca, porque por ahí caían gotas de agua. Propuse trepar por ahí y me ayudaron a subir. Recuerdo el tacto de mis pies sobre la pared, que tenía ladrillos cubiertos de verdín, y la fuerza de mis manos cuando escalé sujetándome de las irregularidades. Resbalé un par de veces. Perdíamos tiempo y la mujer estaba alcanzándonos. Gritamos. Pedí a una de las chicas que con sus manos me hiciera de escalón y logré salir. Estiré mis brazos para ayudar a subir a una chica que presentaba un embarazo avanzado. Salió y me arrestó un poderoso dolor de cabeza que me mareó y me hizo caer de espaldas contra una pared. Cerré los ojos y vi un dibujo. La mujer intentaba hipnotizarnos, pero me resistí y logré evitarlo. Tuve ganas de vomitar y perdí presión sanguínea. Miré a la chica embarazada y no logré sujetarla; se lanzó al agujero por el que había escapado conmigo. Oí a las chicas gritando abajo. Su nombre era Kimby o algo así... Oí que la mujer las atrapó y comencé a correr. Conmigo corría una chica que había logrado escapar por otra sección. Nunca supe su nombre. Tenía cabello rubio y largo, atado en una cola de caballo, y vestía un uniforme negro. Me dijo que me apresurara. A nuestro paso se abrían y cerraban puertas electrónicas. Entendí que estaban jugando con nosotras y que debí haber roto los monitores de las cámaras de seguridad cuando estuve en la sala de control. Corrí; correr era todo; era la vida a la que nos aferrábamos. Luego de pasar tres áreas en que pudimos elegir bien, alcanzamos un patio externo en cuyo final había un portón y hacia la derecha había una puerta metálica. Ambos estaban abiertos. Mientras mi compañera eligió la puerta de la derecha, más cercana, yo fui directo al portón. Corrí como no he corrido nunca y cerré los ojos para que, si no lograba salir, al menos me reventara la cabeza contra los barrotes. Oí un ruido detrás mío, abrí los ojos y miré. El portón se había cerrado a mis espaldas. Yo estaba en la calle, pero mi compañera había quedado del lado de adentro. En sus ojos se advertía desolación y furia. Miré entorno mío y vi gente, aunque nadie reparaba en la instalación que acababa de abandonar. Volví a observar a la chica y la vi sonriendo. El cielo se volvió celeste, salió el sol y brotaron flores a los lados del camino. Había felicidad. Adquirí ropa mágicamente, un uniforme azul con botones y vivos dorados. Todo estaba bien. Caminé, satisfecha, y oí que alguien me daba buenas noticias.
Y sobrevino un instante aterrador en que entendí que eso era mentira. El cielo celeste, el sol, las flores y la ropa de colores eran un holograma. Mi amiga sonriendo era un holograma. La felicidad era un holograma. Lo único real era que yo estoy desnuda y que en algún lugar hay una cosa con forma de mujer torturando gente. Lo único real eran los gritos de las chicas que todavía están atrapadas ahí.

Desperté pocos minutos antes de que dieran las diez de la mañana. Es la segunda vez que visito ese lugar.

domingo, 26 de noviembre de 2017

Cronología de una escritora

Marzo de 2002, aproximadamente: me sumerjo en la historia de un videojuego famoso, llamado “Resident Evil”.

Diciembre de 2002: inspirada en “Resident Evil”, empiezo a escribir en un block de notas.

Enero de 2003: vuelco en documentos de Microsoft Word los párrafos escritos en el block, recolecto la más reciente información en español y en inglés de la saga de “Resident Evil” y doy forma a mi primer libro, un relato fanfiction.

2005: sigo escribiendo el fanfiction, corrigiéndolo sistemáticamente sobre la marcha.

2006: para mantener mi rendimiento académico en la escuela secundaria y no abandonar mi proyecto literario, me despierto a las 5:30 hs. todos los días. Incorporo completamente una rutina de trabajo y rituales, como escuchar música y contar con algo para beber.

Octubre de 2006: participo en mi primer modelo de simulacro de Naciones Unidas.

2007: sostengo mi rutina y procuro escribir también de noche, hasta la 1:00 o 1:30 hs., ya que durante el día tengo obligaciones académicas y no cuento con un espacio cómodo para escribir.

Septiembre de 2007: participo en mi segundo modelo de simulacro de Naciones Unidas. Incorporo conocimiento sobre la dinámica de la política y las asambleas internacionales. La preparación es difícil y me quita tiempo para escribir, pero me aporta una experiencia fundamental.

Febrero de 2008: por primera vez leo un libro por voluntad propia y mi capacidad para escribir comienza a pulirse.

4 de mayo de 2008, mediodía: finalizo mi primer fanfiction, mi primer libro, con una extensión total de 465 páginas A4. Lloro al ritmo de las últimas oraciones. A las pocas horas comienzo a escribir los primeros bosquejos del Tomo I de “Los Benditos”.

Fines de mayo de 2008: me contacto vía e-mail con la compañía desarrolladora del videojuego “Resident Evil” y le ofrezco mi historia. Me responde a los pocos días, informándome que ya no compra proyectos de fanáticos. Tal vez simplemente llegué tarde.

Junio de 2008: no tengo idea sobre cómo tener impreso mi libro para que al menos mis allegados lo conozcan. Consulto a imprentas por e-mail y encargo la impresión de 4 ejemplares en un sitio en la localidad de San Miguel que luego termina en conflicto. Posteriormente encargo la impresión en tamaño A4 y pido que los libros sean anillados. No es lo que yo esperaba, pero al menos mi producción está en papel. De los cuatro ejemplares, que había impreso para regalar a diferentes familiares, sólo uno es leído por mi mamá; los restantes están en una caja en mi habitación. Percibo falta de respaldo, lo que constituye una de las mayores dificultades en el ejercicio de escribir.

Agosto de 2008: participo en tres concursos literarios de Argentina y en uno de ellos mi relato es premiado con la publicación en una antología. Participo en mi tercer simulacro de Naciones Unidas.

Septiembre de 2008, aproximadamente: mi mamá termina de leer el libro de “Resident Evil” y llora. La consuelo, casi riendo, y me dice que le duele el fin de la historia. El impacto de constatar que provoqué en ella una emoción intensa me da la pauta de que, aun sin escribir bien, tengo alguna capacidad que vale la pena explotar. Decido que quiero seguir por ese camino y no abandonarlo. Participo en mi cuarto simulacro de Naciones Unidas.

Octubre de 2008: curso una pasantía de un mes en el diario de mi ciudad “Resumen”. Redacto una nota sobre adolescentes repitentes y excluidos, gano $50 y conozco a un periodista que años más tarde recupero a través de mi novio y que se convierte en mi amigo. Participo en un concurso de cuentos cortos de Argentina y mi relato es premiado con una Mención Especial. Participo en mi quinto simulacro de Naciones Unidas.

Noviembre de 2008: Participo en mi sexto y último simulacro de Naciones Unidas y logro profundizar mi conocimiento sobre los protocolos en asambleas internacionales, que será esencial para escribir “Los Benditos”.

Marzo de 2009: comienzo a cursar el Ciclo Básico Común de la carrera de Letras de la Universidad de Buenos Aires y se me torna muy difícil escribir; viajar, cursar y estudiar no me dejan tiempo suficiente. Detesto con mi alma la materia más vinculada con Letras: Semiología.

Julio de 2009: participo en un concurso de cuentos de Argentina y mi relato es premiado con su publicación en una antología.

Septiembre de 2009: participo en un concurso literario vinculado a los simulacros de Naciones Unidas y obtengo una Mención y publicación en una radio de Buenos Aires (aunque nunca logro escucharla).

Octubre a noviembre de 2009: participo en tres concursos literarios más, pero en ninguno obtengo resultados.

7 de noviembre de 2009: comienzo a escribir una historia fanfiction por hobby, sin pretensiones, para hacer justicia por el personaje de un drama de amor japonés. Subo la historia a una página de internet y recibo comentarios positivos de lectores, lo que es una experiencia nueva para mí. Mi mamá nunca deja de alentarme y es la única que, de hecho, lo hace.

Fines de 2009 e inicios de 2010: conflictos familiares y personales severos atentan contra mi concentración y capacidad de escribir.

Febrero de 2010: una chica en Necochea, fanatizada con mi fanfiction accidental en internet, me convence de escribir una continuación, lo que transforma al relato en un libro enorme. Mi estilo narrativo está casi definido por completo.

Marzo a abril de 2010: participo en cuatro concursos literarios internacionales, pero en ninguno obtengo resultados.

Agosto de 2010: comienzo a cursar la Licenciatura en Letras en la Universidad de Buenos Aires. Podría haber comenzado en marzo, pero no sentía deseos de hacerlo y no veía las cosas con claridad. La caja de vidrio en la que nací se cierra un poco sobre sí misma y sufro sin verlo.

Segundo semestre de 2010 y año 2011: mis conflictos personales se agravan y atentan contra mi capacidad para escribir. Cursar la carrera de Letras no me deja tiempo ni energía y me desalienta producto de mi bajo rendimiento. Tengo siete horas de viaje para cursar en la Facultad y no cuento con dinero suficiente para comprar el material bibliográfico más claro y cómodo. En vez de leer el material de estudio, quiero darle tiempo a los libros de ficción e intercalo una actividad con la otra.

16 de febrero de 2012, 11:30 hs. (jueves): finalizo mi segundo fanfiction, con una extensión total de 540 páginas A4. En la página web, los lectores reaccionan positivamente, describiendo emociones que logré despertar en ellos. Siento que debo continuar.

Primer cuatrimestre de 2013: me quedo sin trabajo y protejo mis ahorros para poder seguir cursando la carrera de Letras en marzo. Me cuelo en el tren sin pagar, salto los molinetes del subte y llego a un acuerdo con la gente del centro de estudiantes de la Facultad para grabar clases a cambio de que me brinden apuntes gratis. No puedo escribir.

Mayo de 2013: no me quedan ahorros, me resulta imposible seguir cursando y consigo trabajo como vigilante de cámaras de seguridad en un barrio cerrado cuyos horarios no me permiten continuar presentándome en la Facultad. Debo abandonar la carrera y no la retomo hasta el día de la fecha. Sin embargo, me alivia el hecho de que recupero la posibilidad de escribir.

Segundo semestre de 2013: mis conflictos personales se agravan cada vez más, pierdo el contacto con mis amigas y me aíslo al escribir, tratando de ser feliz en esos lapsos de soledad. Estoy encerrada en mi caja de vidrio.

14 de febrero de 2014, 15:50 hs. (viernes): finalizo el Tomo I de “Los Benditos”.

28 de febrero de 2014: protejo mi novela en el Registro Nacional de Derechos de Autor y comienzo a enviar decenas de e-mails a agencias literarias y editoriales de habla hispana de todo el mundo.
Como respuesta a mis mensajes, recibo incontables silencios y rechazos debido a que las empresas editoriales tienen programas de publicación estrictos. Finalmente, habré enviado cerca de cien e-mails en total.

Inicios de mayo de 2014: rompo mi caja de vidrio y comienzo una etapa nueva en mi vida, feliz.

26 de mayo de 2014: la editora del sello Suma De Letras responde mi e-mail y me pide que le envíe el tomo I de “Los Benditos” para poder leerlo. Estoy eufórica.

26 de junio de 2014: la editora de Suma De Letras me escribe informándome que “Los Benditos” cumple con sus requisitos  y que posee calidad literaria pero que no puede publicarlo porque ella se dedica al público adulto y considera que mi novela es para jóvenes. Me ofrece derivarlo a sus colegas de Alfaguara. Acepto e inicia otro lento proceso de comunicación vía e-mail.

20 de julio de 2014: una agente literaria en España contesta mis e-mails y me dice que, aunque “Los Benditos” “tiene calidad literaria y resulta interesante”, no tiene los canales apropiados para promocionarlo.

19 de diciembre de 2014: entrego a la editorial Alfaguara un ejemplar de aproximadamente cinco kilogramos del Tomo I de “Los Benditos” para participar en el concurso internacional de Novela. Invierto dinero y tiempo en prepararlo de acuerdo a los específicos requisitos de la junta evaluadora. Me arriesgo a que el contacto vía e-mail con la editorial se interrumpa producto de mi decisión de participar en el concurso.

Enero de 2015: estalla una crisis en mi familia.

Febrero de 2015: decido irme de mi casa y una amiga me permite vivir con ella en su departamento monoambiente. Busco trabajo todos los días. Cuento con ahorros de $1500 para imprimir currículums y ayudar a mi amiga a solventar los gastos de comida por mi presencia. Debo abandonar la escritura del Tomo II de “Los Benditos” momentáneamente. Lo bueno: conozco la cerveza y me enamoro de ella.

25 de marzo de 2015: se consagra como ganadora del premio Alfaguara de Novela una escritora de larga trayectoria. Comprendo que es en vano invertir dinero y esfuerzo en un certamen de esas características. No puedo escribir.

3 de abril de 2015: repuesta del dolor de haber perdido el concurso, le escribo a la editora de Alfaguara consultándole si podemos seguir evaluando mi libro. Estimo que no me contestará.

6 de abril de 2015: la editora de Alfaguara sorprendentemente acepta retomar la evaluación de “Los Benditos”. Luego, no vuelvo a saber de ella y un proceso de fusión de editoriales a nivel internacional dificulta la continuidad de nuestro contacto. Escribo donde puedo, cuando tengo un momento sola. Me oscurezco.

Mayo de 2015: conozco a Daniel Frescó, un periodista y escritor que me ayuda a mejorar la Sinopsis de mi libro y me alienta a seguir. Escribo en el bar Lions de la ciudad de Pilar.

Julio de 2015: al conseguir mi quinto trabajo en lo que va del año, el sueldo que me ofrecen me permite alquilar un pequeño departamento céntrico, donde vuelvo a adueñarme de mis tiempos y logro escribir con mayor comodidad.

1 de octubre de 2015: tras buscar más alternativas, esta vez, por Linkedin, conozco a una agente literaria en el centro de Buenos Aires que acepta representarme y darle curso a mi libro en Ediciones B. Siento que toco el cielo con las manos y que los problemas terminaron.

Fines de 2015: mi agente literaria me informa que Ediciones B quiere evaluar mi novela completa. Siento que estoy a punto de lograr mi objetivo. Trabajo en la Secretaría de Seguridad de mi ciudad y aprendo sobre la dinámica de la política en tiempos convulsos, sobre corrupción y traición, algo que alimenta la historia de “Los Benditos”.

Enero a octubre de 2016: al comenzar el año se me asigna en mi trabajo un cargo que me provoca mucho desgaste y que atenta contra mi capacidad de escribir. Pasan los meses, debo renunciar a mi cargo para proteger a mi hermano, que trabajaba en el mismo organismo que yo, y pierdo la mitad de mi sueldo, pero gano más tiempo y energía. Avanzo en el desarrollo del Tomo II de “Los Benditos”. No obtengo noticias de mi agente literaria y los editores trabajan lentamente producto de las vacaciones y las ferias internacionales de libros. Sin embargo, el panorama aparenta ser favorable y estoy feliz.

Octubre de 2016: mi agente literaria me informa que Ediciones B rechazó mi libro por razones que no quiso compartir con ella. Le pido que no me deje sola y sigamos intentando por otros medios. Caigo en uno de mis pozos más profundos y estoy convencida de que no voy a cumplir mi sueño.

Inicios de noviembre de 2016: investigo el mercado editorial nuevamente y comprendo que la mejor opción que tengo radica en Estados Unidos, para lo cual debo traducir el libro. Busco traductores y elijo un presupuesto de $30.000. No tengo dinero suficiente, por lo que debo pedir un préstamo bancario. A su vez, envío e-mails a más editoriales españolas para probar suerte pero sin esperanzas de ningún tipo.

14 de noviembre de 2016: recibo un mensaje del director editorial del sello Samarcanda, que me informa que mi libro le resulta interesante. Estoy sorprendida, pero converso con él.

23 de noviembre de 2016: el director editorial de Samarcanda me ofrece un contrato editorial para publicar el Tomo I de “Los Benditos”. Finalizo mi relación con mi agente literaria. Aborto el plan de sacar un préstamo bancario justo a tiempo y siento que lo logré, que llegué a la meta y que finalmente alcanzaré mi sueño. Pocas veces soy tan feliz como ese día.

Febrero de 2017: comienzo a trabajar como Gerente General en un centro de atención psicológica infantil que me absorbe por completo y no me deja ni energía ni tiempo para escribir. Sin embargo, la editorial Samarcanda avanza en el diseño del libro y yo asumo el trabajo de corregir el interior, aunque es una tarea que normalmente le corresponde a la editorial. Me doy cuenta de que el director editorial no leyó el libro en ningún momento. Comienzo a inquietarme.

Marzo de 2017: un problema que me aqueja desde que tengo memoria comienza a hacerse muy presente. Durante el día estoy muy cansada y dormir no sirve de nada.

Abril de 2017: el director editorial de Samarcanda me informa que el libro está listo para imprimirse y que a partir de entonces es responsabilidad mía la promoción y presentación de la novela en Argentina. No entiendo nada y comienzo a discutir con él. Días después comprendo que, aunque él no había sido claro al explicarme las condiciones en noviembre, mi desesperación tampoco me había permitido ver la verdad a tiempo. Asumo que estoy sola y que los libros no llegarán a las librerías. Caigo en una profunda tristeza otra vez y reconozco que todo es en vano, que los sueños no son posibles y que debí haber dedicado mi vida a otra cosa. Odio escribir.

Mayo de 2017: comienzo el noveno capítulo del Tomo II de “Los Benditos” sólo por respeto a los personajes, que merecen tener un final apropiado. No tengo energía y escribir me duele. El lugar donde vivo me resulta desagradable por varias razones, pero no tengo dinero para mudarme. Pido ayuda a mis amigos para paliar el problema que supone mi editorial y conozco a una agente de prensa muy dispuesta pero que me informa que sin ejemplares en físico no podemos trabajar.

Junio, julio de 2017: mi problema nocturno se recrudece cada vez más y recurro a remedios caseros y naturales, pero el resultado es negativo. Consulto a una neuróloga, que me deriva a una clínica para realizarme un estudio del sueño. Trato de escribir, pero no tengo energía.

Agosto de 2017: el estudio del sueño revela que el problema que describo es real, pero la neuróloga que me atiende no encuentra la causa. Sin embargo, me doy cuenta de que escribir agrava la situación e intuyo que mi capacidad está ligada con una falla de algún orden, que se manifiesta de noche. Estoy destruida, pero trato de escribir como puedo.

4 de octubre de 2017: habiéndome recuperado de mis problemas económicos y habiéndome mudado del lugar donde vivía, encargo cincuenta ejemplares de mi libro y que debo pagar. No me resulta sencillo hacerlo, pero ya no discuto con mi editor y agradezco que por lo menos me redujera el precio para que no fuera imposible para mí. Retomo el contacto con la agente de prensa para consultar si con libros en físico podremos trabajar y ella me explica que necesitamos que exista distribución ágil para promocionarlo y luego responder a la demanda. Dado que no hay distribución, no podemos hacer nada. No puedo más.

12 de octubre de 2017: un amigo me informa desde Catamarca que, cuando encarga mi libro en una librería, los comerciantes no pueden darle curso al pedido. Reclamo a mi editor y éste me explica que no se puede encargar el libro de esa manera y que una librería debería recibir una demanda muy grande como para hacer una compra de numerosos ejemplares en firme (algo que nunca sucede). Otro obstáculo. Estoy furiosa y no sé qué hacer.

14 de octubre de 2017: los ejemplares deberían haber llegado, no tengo noticias ni respuestas a mis consultas. Estoy agotada, siento mucho odio y quiero llorar cada vez que alguien me pregunta por el estado mi novela. No quiero hablar del tema.

20 de octubre de 2017: consulto a un amigo, gerente de una librería poderosa, si puedo ofrecer mi novela para ponerla a la venta en mi ciudad y él me explica que eso no es posible en las librerías grandes porque no se trabajan títulos de editoriales o escritores desconocidos. En Buenos Aires, en librerías de menor envergadura, ocurre lo mismo. Consulto en una librería pequeña a pocas cuadras de mi casa y obtengo idéntica respuesta. No se puede entrar.

26 de octubre de 2017: llegan los primeros cincuenta ejemplares del Tomo I de “Los Benditos” y, en el curso de los siguientes días, aparecen personas con deseos de leerlo, que me lo piden y lo compran. En Instagram, adolescentes blogueros comienzan a verlo y me escriben. Cada lector es un milagro y no lo puedo creer, pero no me entrego a la alegría porque sé que tengo un camino muy largo por delante todavía.
Para hacerles llegar mis libros a los lectores, debo enviarlos por correo (pagando, claro) o reunirme para entregarlos personalmente. Hago un envío a Salta, a Rosario y a Necochea y envío dinero a una bloguera en España, haciéndome cargo de los gastos. Sin embargo, me alienta recibir buenas críticas.

10 de noviembre de 2017: encargo la segunda tanda de cincuenta ejemplares y mi editor me informa que hay un impuesto que debo pagar. No discuto.

19 de Noviembre de 2017: seis meses después, finalizo el noveno capítulo del Tomo II de “Los Benditos” producto del estrés y la carga horaria de mi trabajo, que no cesa.

22 de noviembre de 2017: un amigo me ofrece vender ejemplares en un evento que organiza con su pareja en Buenos Aires. Su ayuda me conmueve así como cada opinión positiva. El camino es doloroso, pero siento mucho apoyo y trato de no rendirme.


jueves, 2 de noviembre de 2017

No han transcurrido veinte días desde que una mujer me preguntó quién soy y el eco de sus palabras sigue vivo en mis oídos. Normalmente, el tono de la interrogación no me perturba, pero una parte de mí quiso huir a los fines de eludir aquello que ella estaba invocando sin darse cuenta. Por años creí que sabía la respuesta, pero ¿quién soy? Realmente, ¿quién...?

domingo, 22 de octubre de 2017

Me parece increíble que haya llegado a la instancia de desear huir de aquello que me remite a las letras y que al sonar de la interrogante "¿Cómo marcha tu libro?" se me cierre la garganta en un nudo.