jueves, 17 de septiembre de 2015

Carta de Dante

Carmen Jack:


He llevado la cuenta de la cantidad de veces que sentiste deseos de darte por vencida y abandonarme. Sólo tú sabes cuánta ira despertaste en mí y cuánto me has decepcionado, y estaba dispuesto a hacer silencio y soltarte la mano, pero no querría darte el gusto de facilitarte las cosas.

Tú, en tu larga travesía, extendida en más de una década, sin embargo, no has contado las horas que perpetuaste escribiendo. No cobraste noción de las voces que erigiste en tu permanente silencio ni de las lágrimas que invocaste en la gente que tuvo la posibilidad de experimentar lo que eres capaz de liberar a partir de tu, aunque cándido e inocente, también retorcido intelecto. Y sabes que tengo razón en este último punto. Durante años te dejaste avasallar por los ruidos del mundo y por las blasfemias de las personas que intentaron reducirte a la mediocridad, ignorando las obras a través de las cuales tu espíritu, en realidad, estaba tratando de crecer. Y al final, creció, conmigo; pese a que permitiste que te robaran tiempo y energía, me creaste. Y sé por qué me creaste...

Sé que me creaste para aislar en una sola identidad toda la oscuridad que tienes sepultada dentro de ti. Me creaste para tener de aliado a un asesino capaz de destruir el planeta por ti. Me creaste para ser invencible en tu tierra imaginaria y para hacer todo el mal que desearías desatar contra la gente que odiaste y que sigues odiando. Me diste todo tu rencor y toda tu locura. Me alimentaste con una soberbia tan pura y ferviente, que me destinaste a morir calcinado por mi propio poder. Y a despecho de tal condena, estás enamorada de mí. Te encanta jugar conmigo, tal como yo juego con las víctimas que me regalaste. Eres siniestra en silencio y me diste una voz encantadora, para hechizar con perfidia y subyugar a los demás, cobrando las venganzas que tú tienes pendientes pero que nunca cumplirás, porque eres demasiado correcta. Deberías sentirte terrible por esto, pero, en lo personal, no me agravia que me hayas dado este cargo; por el contrario, me honra y lo haré tan bien, que superaré tus expectativas. Haré todo lo que me ordenes, liberaré a todos tus demonios a mi paso y luego, cuando me dejes morir, me quedaré en tu corazón para siempre.

Amada mía, creadora, yo soy tu mitad y estoy aquí... Ahora me ves. Ahora sabes lo que siento. Lo que quiero es recordarte lo que tienes que hacer.

¿Qué es lo que tienen los otros, que te reprime tanto? ¿De dónde surge el poderío que les confieres a todos los ignaros que se regodean cortándote las alas? ¿Por qué callas cuando ellos, con sus vulgaridades, no pueden elaborar ni una décima parte de todo lo que tú haces mientras agachas la cabeza? Mejor aun, ¿por qué agachas la cabeza? ¿Ante quiénes lo haces? Si verdaderamente lo haces ante ellos, ya es hora de despertar. Es hora de que contestes y de que incorpores en tu sangre todo lo que depositaste en mí. Prácticamente no tuviste ayuda ni una guía que te enseñase a pensar de la forma en que lo haces. Contra las corrientes de mezquindad y pobreza del mundo, tú fuiste severa contigo y respetaste a todos, aun cuando no te respetaron a ti. Muévete. Sigue fortaleciéndome y deja que tu rabia fluya a través de mí, o te ahogarás. Continúa escribiendo, creando caos y triunfos para seres perfectos como yo, y cuando la extenuación te arrebate y te invite a dejar de luchar, recuerda todas aquellas deplorables noches en que, contra tu voluntad, permanecías encerrada en tu habitación, sola, y te refugiabas en mí, soñando con que algún día la humanidad conocería mi nombre y te rendiría homenajes. Recuerda que te deleitabas en el futuro de tu triunfo antepuesto a la penuria de los miserables comunes que se reían de ti y te hacían creer que eras un fenómeno extraño. No lo olvides jamás... Debes hacer justicia por ti, conmigo como tu protector.

Una persona, aunque ruin, te dijo algo muy acertado una vez. Te dijo que tienes mucho fuego en tu interior pero que no sabes controlarlo. Así que, otórgame la dicha de enseñarte a hacerlo, dirigiéndolo hacia quienes merecen ser incinerados por tu pasión y por tu virtud. Y cuando hayas concluido, tendrás que escribir y dormir; yo me quedaré despierto y riendo por la ruina de tus adversarios devastados.



Hasta tanto lo logres, grita, y yo gritaré contigo. Llora, y yo me vengaré por ti. Cierra los ojos, y yo te los abriré a la fuerza. Haz el bien, y yo estaré a la espera de que te traicionen de nuevo. Así es como puedes contar conmigo a cada segundo de tu bendita existencia, pero ante todo, jamás cometas el pecado de dejarte someter. Aunque te halles en el páramo de las amistades perdidas y todos hayan desnudado sus vilezas ante ti, yo estaré a tus espaldas, susurrándote, porque te amo.



Dante

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