miércoles, 4 de noviembre de 2015

Contradicción

La pregunta cuya respuesta creo que aclararía tanta ofuscación es la de qué subyace a la naturaleza de la contradicción en el espíritu de un ser humano; qué es lo que enfrenta a los monstruos y les da el control mientras su dueño se convierte, por momentos, en marioneta.


Es increíble cuántas cosas pueden ocurrir en un mes. Aunque no soy partidaria de las aventuras vertiginosas en tiempos efímeros, ya debería estar habituada. No debería extrañarme presenciar la unión de tantos hechos distintos en una misma cadena de lecciones inolvidables. Ya debería haberme transformado en un personaje duro y reacio, insensible e imperturbable, por los progresivos aprendizajes a fuerza de voluntad; sería lo lógico y sería tan práctico. Y aun más confuso resulta haber encontrado tantas pistas guiándome a un mismo lugar. Es trágico que, sin embargo, no sepa de éste su real ubicación, aunque calculo que debe ser un paraíso. Y, en una falta de coherencia, la revelación de las señales que dan cuenta de ese lugar es lo que tanto agota el alma. Fatiga ser testigo de que, es verdad, hay un hilo muy delgado que mantiene los factores de todas las vidas en equilibrio; es cierto que hay mucho más allá del velo en los ojos humanos, ¡y cuán felices seríamos si pudiéramos verlo! Lo poético de este ridículo consomé es la forma en que las señales emergen: un libro, un viaje de un día, un hombre, una charla no planeada. ¿Cómo es posible que elementos tan disímiles sean indicadores de un solo mensaje? ¿O se trata de más de uno? ¿O es que dichos elementos en realidad no son diferentes y camuflan una misma forma de energía?

¿Cómo es posible que yo sepa tan poco de algo tan valioso como el sentido total de la existencia de las cosas? ¿Cómo es posible que, ante aquellas señales, la respuesta parezca tan sencilla y no sea la humanidad en su totalidad dueña de un convencimiento sobre su veracidad? ¿Cómo es posible que tan sólo una pequeña bruma en mis ojos sea la razón de mi ignorancia?

¿Cómo es posible que, en un día y un camino que nacían de un modo ruinoso, se presentara ante mí una persona que, lejos de ser sólo simpática, fuera la clave para tantas de mis preguntas meses después? ¿Cómo es posible que una persona, desde un principio y desconociendo mi nombre, hubiera detectado en mi mirada componentes que yo nunca advertí y que escondían lo mejor de mis rasgos? ¿Cómo es posible que una persona simplemente haya aparecido en mi vida para decirme tantas cosas que siempre necesité oír de alguien así? ¿Cómo es posible que, en los mismos treinta días en que pude acercarme a una persona, sólo una, pudiera reencontrarme con un espíritu igual de brillante y del cual me había alejado tiempo atrás? ¿Cómo es posible que todas las palabras que ellos me han dicho apunten a la misma conclusión? Si el sentido de esto es lo que intuyo, temo que mi mente cuente con una capacidad limitada para tanta iluminación repentina. No entiendo nada.

Es que, ¿cómo es posible que alguien como yo llegue a conocer tanto en tan poco tiempo? ¿Cómo es que tuve semejante privilegio? ¿Cómo es que merecí escuchar consejos tan profundos y gestos de tan dulce consideración de parte de gente que nunca había contemplado en mi camino? ¿Cómo es posible que la vida de una mujer cambie tanto? ¿Cómo es que tantas malditas oraciones desordenadas pueden coexistir en mi cabeza, flotando en una algarabía de tal reciedumbre y permanencia? Una persona me aconsejó dejar luchar a mis fantasmas entre sí, sin intervenir, y el fragor que entonan es la muestra de la discordancia que ocasionan; lo dijo porque él también sufre lo mismo, parecería ser. ¿Cómo es eso posible? ¿Cómo pueden dos individuos condenados por su bondad, en su insólita existencia en un mundo tan perverso y ajado, encontrarse de manera insospechada? ¿Cómo puede ser que Dios, si es certero en su entidad, me hable de una forma tan clara y evidente a través de una persona? ¿Es esto real? ¿Es posible que sea real? La contradicción en cada conclusión con que despierto es lo que no me permite responder. Un libro y un viaje de un día lucharon por retornarme al eje que despejaría la turbación y me indicaría la verdad, pero es la falla sistemática en mi conformación interna lo que me arrastra otra vez a la duda y a la debilidad. Y he allí otra revelación, otro pequeño montón de palabras que no podré olvidar jamás, tal como dijo una persona: la incompatibilidad de dos sentimientos; la clave del éxito y del pesar en mi periplo entre las multitudes con que insisto con vincularme. Mi anhelo por amor se devora el odio y el instinto de desconfiar para siempre, y luego esa ira se zambulle en el vacío que reclamaba cariño. Una y otra vez... ¿Cómo se puede vivir así? Una persona lleva el doble de mi tiempo cargando con una cruz muy parecida y todavía no halló salida. ¿Cómo es posible que me ayude tanto el poder hablar con él al menos unos minutos al día y que, a despecho de tal gratitud y plenitud, deba asumir que pronto se marche para no volver a encontrarlo? ¿Por qué los mensajes más importantes son entregados por los carteros más tristes y dolientes? ¿Por qué los acontecimientos históricos son tan fugaces y son acarreados por vientos tan huracanados? Podría plantearle todas estas interrogantes a una persona y podría escucharlo durante un año sin que se detuviera a respirar, ya que su conciencia es arrestada por más palabras que las que puede organizar en su voz; no por casualidad es escritor.


No hay casualidad. Eso es lo extenuante. Cruelmente, la humanidad está a merced de un mar cuyas olas florecen de una mano que trasciende toda ley y todo intento de pensamiento para desentrañarla. Vivir es desfilar por un vórtice brutal, a veces encantador, pero de un rigor que no da tregua a los miserables, que abundan. Tal vez..., lo único que otorgue una mínima ventaja sobre tal barbarie sea el silencio. Y he descubierto sobre él que es la clave para que me invada la locura. La ausencia de mi habla es el escenario en el cual irrumpe lo más auténtico de lo que he recibido en mi nacimiento. Por eso debo escribir rápido, para domesticar las ideas y que no me desintegren en el auge de mi despliegue espiritual contradictorio...

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