domingo, 14 de mayo de 2017

Me desperté a las 11:15 luego de otra paliza onírica, puse a cantar a Frank Sinatra y me preparé mates con tortas fritas. Momentos breves pero felices, los que importan. Desearía saber qué es lo que tiene ese hombre que escribía odas a las mujeres mientras era socio de Pablo Escobar y que es un bálsamo para mí. Me sorprende el nivel de desconfianza que he desarrollado gracias a la gente que habló sin sentido de la honestidad; me cuesta mucho creer cuando alguien afirma querer leer mi (puto) libro. Agradezco, pero no confío. ¿Y por qué, si les doy mi apoyo a quienes me lo solicitan, hago preguntas, me comprometo y participo, ellos no responden? ¿Por qué la única persona que leyó mi (sí, puto) libro es mi madre y la única persona que se interesó en saber sobre él sin que yo dijera una palabra es una mujer con la que yo competía académicamente en Secundaria? He llegado a preguntarme si es que yo causo temor por lo extraña y que, por eso, no quieran oírme hablar. Si supieran el dolor que genera. Perdón, profe Ana, me excedí otra vez. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario