Vampire Knight: TENSHI STRIFE (Fanfiction)

No poseo los derechos sobre la obra "Vampire Knight" en tanto manga como animé. Su argumento, todos sus personajes y las ilustraciones propias de la historia son autorías de la dibujante japonesa Matsuri Hino. Mi trabajo se limita al género fanfiction, que toma elementos de su obra y ofrece relatos alternativos al argumento original, pero no aspiro a obtener crédito que no me pertenece.

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VAMPIRE KNIGHT

Historia original

(Extraído de Wikipedia)

Lo único que Yuuki recuerda de su infancia es que a los 5 años, perdida en el invierno, fue atacada por un vampiro fuera de control, situación de la que la rescató otro vampiro, Kaname Kuran. Él la llevó con Kaien Cross, quien se convierte en su padre adoptivo y más adelante, en el director de la Academia Privada Cross. Sin embargo, la academia de elite oculta un secreto: los alumnos de la Clase nocturna son en realidad vampiros. El director y Kaname creen que es posible una convivencia pacífica entre humanos y éstos. Así pues, Yuuki, junto con otro estudiante de nombre Zero Kiryuu, deberán ser guardianes de este secreto y procurar que la Clase diurna nunca se entere de la naturaleza de la otra.



Imágenes del manga y del animé








Como se puede deducir de las fotos, el contenido sobrenatural de la historia es atravesado por el drama de un triángulo amoroso juvenil. El vampiro de cabello castaño, Kaname Kuran, cumple el rol del hombre posesivo y egoísta, mientras que el otro, el vampiro de cabello gris, Zero Kiryuu, es el que sufre, realmente necesita del amor de la chica y, no obstante, es generoso como para no demostrárselo y no colocarla en una disyuntiva. Ella, Yuuki, en el medio de los dos, no sólo no elige bien al final del animé (el manga es más extenso), sino que goza de estar en el centro de todo, ser la heroína y pensar constantemente en sus problemas, ignorando el dolor de los demás. Cabe aclarar aquí que esto es mi opinión personal; hay quienes consideraron acertado que Yuuki y Kaname estuviesen juntos. Pero es en este punto en el que radicó mi novela: decidí darle continuidad al final del animé, trasladando a las letras los componentes característicos del arte juvenil japonés e introduciendo a un nuevo personaje, uno que llenara el vacío en el corazón del vampiro Zero. Su nombre es Kira Airen:



Más de una vez pensé en ocultar o eliminar la historia de la web por ya no reflejar mi estilo narrativo y, por momentos, incluso resultarme vergonzante, pero desisto al releer los hermosos comentarios que los lectores me fueron dejando y entender no sólo el impulso que los mismos me dieron para crecer, sino también la clave de mis creaciones literarias.

Pues, bien...:


Mi Fanfiction: "Vampire Knight Tenshi (Strife)"

Inicio: fines de 2008 (18 años de edad)
Fin: 16 de febrero de 2012, 11:30 hs (21 años de edad)

Enlaces en fanfiction.net:



Fragmentos

(Capítulo 1 - Día Inicial: El Advenimiento)

Zero Kiryuu soñó con ella de nuevo. Noche tras noche, las mismas fotos; el escalofrío tortuoso que se repetía. La sangre era un hedor perenne sobre sus labios mientras mantenía los ojos cerrados, y con cada despertar regresaba el mismo nombre a sus pensamientos. Los dolores preliminares causados por sus transformaciones vampíricas ya eran muy ligeros, pero invocaban horribles cosquillas. Y al final había terminado forzadamente adaptándose a la luz, por lo que los primeros rayos de sol del día no lo irritaban demasiado.
Otra jornada, y ahí yacía en su cama sin muchos deseos de levantarse. En su interior, lo único que le daba fuerzas para seguir adelante era su deber como cazador de vampiros y su responsabilidad como guardián de la Academia Cross, cuyo director aún evocaba en él un sentimiento de respeto fundido en ternura. Luego de lavarse los dientes y despabilar su pálido rostro con agua fría, procedió a vestirse con su uniforme de saco negro.
-"Probablemente te irás delante de mí..."
-"Sí..."
Seguían repiqueteando en su cabeza las memorias sobre aquel último día en que la había visto. A veces parecía que la intensidad del dolor disminuía, pero éste continuaba activo.
-"Algún día... te mataré..."
-"Te estaré esperando, Zero..."
El muchacho de cabellos platinados cerró los ojos y suspiró en silencio. Miró su revólver sobre su cama hecha, y la depresión todavía se apoderó de él, pese a haber transcurrido ya más de tres meses de aquel acontecimiento que lo había separado de su amor fallido.

(Capítulo 2 - Día Primero: El Aprendizaje)

Zero ahuyentó a todas las jóvenes chillonas de vuelta a sus dormitorios. Los vampiros ya estaban entrando a sus salones, y era hora de desalojar la zona. Sin embargo, Airen se quedó a un lado de la escena, abrazada a sí misma y tratando de elaborar lo que sentía.
Una vez que estuvieron solos, el caballero se acercó y le dijo:
-Oye, ¿estás bien? –El tono de su habla evidenciaba que no lo preguntaba con preocupación, sino con la idea de despabilarla de ese estado.
-S-Sí... ¿Te puedo hacer una pregunta?
-Supongo...
-La mujer de cabello verde... Shikara... ¿cómo se apellida?
-¿Por...?
-Necesito saber...
-Haze.
Lo miró con un espanto imperecedero; sus ojos trepidaban como dos cristales vapuleados por el mar.
-¿Qué pasa?
-N-Nada... –contestó, luego ya alejando su mirada de la vista del hidalgo.
-Ah, disimulas perfecto.
-No puedo hablar de-
-¿La conoces?
-No.
-¿Entonces?
-No importa –espetó, huyendo del brete conversacional, lo cual ciertamente produjo interés en el caballero. Que ella ocultaba información era un hecho altamente visible. Y que luchara por mantenerla acallada y aún así le costase actuar, a Zero le gustó. -Luego te digo.
Él liberó un resoplo y acomodó las manos en sus bolsillos calientes. Giró sobre sí y arrancó la marcha al sector del campus a la sazón más poblado por estudiantes, en clase o no.
-¿Vamos a patrullar?
-Sí, ¿a dónde crees? –replicó, contagiando sus palabras con disgusto.
Por ende, lo siguió, ya presa de un exasperante fastidio. Mantuvieron el silencio durante casi una hora, dedicándose a mirar y buscar movimientos extraños, fuera de lugar. Se frenaron, tras no haber descubierto infracciones ni alumnos deambulando, cuando arribaron a una fuente de agua. Allí, la dama se sentó y respiró, profundamente, purificando las bases y la boca de sus pulmones. Zero Kiryuu permaneció lo más lejos posible, observando el cielo oscurecerse sobre ellos.
-Zero... –habló la guardiana novata.
Sin respuesta.
-Zero... –repitió.
-Ya te oí.
-Ah... Esto... Quería saber... ¿Cuántos años tienes?
-¿Por qué quieres saber?
-No lo sé... Para saber... Espero no ofenderte con mi pregunta... No pareces muy viejo.
-¿Viejo? –mal reaccionó.
-Sí.
-¡¿Me veo viejo?! –exclamó.
-No –espesó, abriendo los ojos al enfrentarse al terrible genio del muchacho-. Acabo de decir que no.
-¡Entonces habla bien!
Kira apretó los dientes y frunció las cejas, comprimiendo los ojos en un mohín de creciente hastío. No meditó en el instante previo a decir lo que pensaba:
-No lo haría si pudiese hablarte sin que me muestres los dientes todo el tiempo...
La repentina muestra de vida en la chica hizo que Zero le arrojara un vistazo de inmensa desorientación, ambiguo, pues no se distinguía si estaba marcado por la ira o por la rendición. Ella se arrepintió inmediatamente ni bien lo vio de reojo convulsionarse de tal modo. Procuró quedarse quieta y no respirar ni separar los labios apretados.
En realidad, se congelaron los dos.
-"De acuerdo. Si me golpea, me voy. Me voy ahora"
Un suspiro emanado de las fauces perfectas del guardián le hizo sentir a Kira que el único posible acontecimiento a seguir sería un enfrentamiento físico.
-"A que me golpea. O me escupe. O me insulta. Vaya, es un bravucón. Será lindo, muy famoso, pero es un-" –ella pensó, ostentando una superficie insólitamente calma y preparada para una violenta contestación, pero interrumpida finalmente cuando notó que él volvía a acomodarse en su postura de reposo.
Aguardó, pues, unos segundos de silencio, suspensa en la perplejidad. Y luego:
-Diecisiete.
La réplica sosegada del chico.
Las cejas delgadas, bien depiladas de la dama se arquearon.
-A-Ah... –dijo al fin, confundida, y abandonando sus reflexiones internas-. Diecisiete. ... ¿en serio? Entonces no te queda mucho tiempo para irte de esta academia... –dedujo con algo que oscilaba entre la preocupación y el asombro.
-¿Quién te dijo que pienso irme? –espetó, sereno no obstante.
-¿Eso es un no?
-Es cosa mía.
-Ah...
Por unos momentos el silencio retornó, quebrado por ella más tarde:
-Yo tengo dieciséis... Cumplo los diecisiete la semana que viene.
Kiryuu no le contestó nada en primera instancia. Sí que era incómodo estar...
-¿Tú? –Esperó y persistió: -¿Eh?
-No festejo mis cumpleaños. El tiempo pasa y ya. No me interesa.
-Ah...
Transcurrieron diez minutos de elipsis. Todo permaneció igual entre ellos; el vacío sonoro generó ansiedad en el hombre más que en la mujer, como una picazón molesta que se extendía por todo el cuerpo con la velocidad del veneno de insectos africanos.
-Sabes... –volvió la dama hermosa-, antes de ayer me parecía imposible la idea de dirigirme a ti..., con todo lo que he oído de tu familia..., pero, a decir verdad,... pareces un tanto distinto de lo que dicen los demás cazadores...
Él sonrió con media boca, claramente burlándose de un comentario como aquél. Se encogió de hombros y enarcó la mirada.
-Gracias por el dato, pero me da igual.
Kira Airen cerró los ojos y suspiró. Quiso levantarse y dejarlo solo. Era insoportable. Si era un buen sujeto, lo debía ser muy en lo profundo de su ser, porque a simple vista se relacionaba con el mundo a las patadas. Mejor sería que algo cambiase antes de que más días transcurriesen así.

(Capítulo 4 - Día Tercero: De a Poco)

Emergió de un cuarto contiguo una enfermera con un papel en las manos y algunas gasas envueltas en plástico.
-Querida –dijo-, aquí tienes la constancia que me pediste para evitar las clases cuando lo necesites, y estas gasas, consérvalas bien, porque debes cambiarlas cada seis horas. Señor prefecto, ya que está aquí, le encomiendo que la cuide bien a esta jovencita amiga suya, ya que podría llegar a perder el conocimiento si se somete a mucha exigencia. Perdiste mucha sangre anoche, niña; de no haber sido por este apuesto caballero, las cosas se habrían puesto realmente feas...
-¿En... serio? ¿Tan así fue...? –se preguntó la dama, luego mirando de reojo a Zero, quien escondió los ojos. Lo persiguió: -¿No era que no había perdido tanta sangre?
El rostro del muchacho se replegó en el fastidio catado por ser atrapado mintiendo. Se sonrojó tenuemente al pensar una y otra vez en sangre, y se resistió a contestar a la inquisición de Kira Airen.
-Tenías heridas serias en un punto del cuerpo que es extremadamente delicado –continuó la enfermera-. La próxima vez, sé más cautelosa con los alumnos del turno nocturno. –(La dama estaba bien al tanto de la existencia de los vampiros; sólo así podía atender en la enfermería).
-Sí, señora...
-Bueno, espero no verte pronto.
-Ojalá. Gracias por su amabilidad –dijo, recibiendo las gasas y la constancia en sus manos.
Los jóvenes salieron al pasillo y caminaron lentamente hasta la cocina del Director. Aunque Kiryuu fue atento a vigilar que Kira no se desplomara sobre la marcha, por otro lado no dijo una palabra. Es más; se preguntaba cuántos segundos pasarían hasta que fuera ella quien rompiese el silencio.
Un poco sonriente, lo hizo:
-¿Notaste cómo dijo la enfermera? “Señor prefecto, le encomiendo que la cuide bien a esta jovencita amiga suya”... Dijo que yo era tu amiga.
Él gimió apenas un poco para únicamente dar una señal de estar vivo. Para Kira, fue suficiente.
Minutos más tarde, al emerger ya al exterior, la luz del sol pudo recaer suavemente sobre ellos como una llovizna de oro. Zero pasó a interrogarla:
-La constancia...
-¿Mmm...?
-¿La pediste tú?
-Eh... Sí... ¿Por...?
-¿Para qué? ¿Estás en condiciones de patrullar y no de asistir a clases?
-Ah... Es que... La pedí por las dudas... por si me siento mal después.
-¿Es por eso?
-¿Para qué más?
-No te hagas la tonta. No quiero tener a una holgazana conmigo.
-Si me preguntas, tú tienes más cara de holgazán que cualquiera que haya visto desde que llegué a aquí, pero yo no lo soy.
-¡¿Quién rayos te crees que er--?! –empezó, irascible aún en esas horas tempranas del día.
-Es que creo –rápidamente lo interrumpió mientras el gesto de cólera en Zero crecía en instantes y con ganas de comerse a la chica- que puedo saltearme una clase que me resulte inútil para, en cambio, hacer algo que sí necesito pulir, como patrullar. Digo, hay prioridades, ¿o no?
Encontrar que ella le daba esa relevancia a su entrenamiento como guardiana del colegio no le permitía retomar el hilo de su afrenta y terminar de gritarle. Apretó bien los labios y revoleó la mirada. Su forma de bufar después causó gracia en Kira, mas, para no tentar a la bestia, ella ni se atrevió a sonreír.
-“Qué tarado; debe ser un buen tipo, pero tiene un humor de perros...” –habló la chica en su mente, donde, si quería, sí podía reírse a carcajadas por la forma en que Kiryuu trataba de pelear contra su propia antipatía existencial.

(Capítulo 6 - Día Posterior: Expectativas)

La ayuda que Zero le proporcionó a su compañera fue más lejos de lo que él había propuesto e incluso imaginado. Se fueron los minutos que luego se transformaron en horas hasta el despunte del atardecer, y el progreso al que, juntos, los dos guardianes pudieron llegar, arraigó en el corazón de Kira Airen la ilusión de que en escasos momentos podría darse por terminado el condenado informe de biología. Se estiró como un gato, con ganas de salir a caminar un poco y distraer su vista cansada de tanto leer. Ni bien vio al chico ponerse de pie para marcharse rápidamente a vigilar la salida de los estudiantes vampiros, increpó:
-¿Te vas? ¡Espera! ¡Yo también quiero ir!
-No bromees –le ordenó, ansioso por el tiempo que lo apremiaba-. Se me hizo tarde y debo apresurarme; los alumnos de la Clase Nocturna saldrán en cualquier momento. Tú tienes que terminar.
-El cerebro ya no me funciona –explicó, incorporándose y buscando rápidamente sus botas-. Si no le doy un recreo, explotará.
-Agh, de acuerdo, ¡pero date prisa!
Apenas ataviada en la camisa blanca y la falda y medias negras, salió a recibir el amenizado tacto del sol. Por un momento, olvidó la biología y quiso dilatar la tarde hasta que la noche se cerrara sobre ella y sobre el muchacho de melena platinada, quien, no obstante, le adelantó que se lo prohibiría.
Uno junto al otro observaron el desfile de los vampiros otra vez. Kadashi, el hombre filoso, buscó el rostro níveo de la dama de ojos azules inmediatamente, de quien él no había estado hallando mucho rastro en esos últimos días de su reclusión. Zero Kiryuu, sin embargo, tuvo el cordial gesto de apartar a Kira del camino y evitar que fuera hostigada por aquellos directos cortejos de seducción. Y si, aún así, el joven de colmillos se atreviera a inquirir, el prefecto tozudamente se reservaría (mas sin reflexionar sobre si realmente era asunto suyo...) decirle qué había estado haciendo Kira en los previos días o dónde.
Pese al arduo disgusto que implicaba lograrlo, los dos despejaron la zona y obligaron a las chillonas alumnas humanas a marchar a sus alcobas. El rocío comenzó a sentirse entonces sobre sus rostros cuando la brisa corrió y limpió la atmósfera. Zero llamó la atención de su compañera e impostó su voz para despachar una orden:
-Bueno, ya te despejaste. Ahora vuelve a tu cuarto y termina de escribir.
-Bah, estoy agotada –se quejó.
-No te excuses, que tuviste suficiente recreo –la espoleó, empujándola hacia el edificio correspondiente a las mujeres.
-Si me ayudas de nuevo –señaló sonriente-, podríamos terminar el resumen después de cenar.
-Sí, claro... –se burló-. ¡Olvídalo! Ya bastante hice por ti. Tengo trabajo que hacer.
-Bu... Entonces, ¿no la pasaste bien dándome una mano con eso?
-Sí, porque fue una experiencia emocionante, ¿no? –dijo, haciendo uso del sarcasmo-. No cargosees. ¡Vete!
Ella resopló; tanto porque anhelaba seguir respirando la tranquilidad del fresco ocaso libre de preocupaciones, como porque junto a la portentosa persona de Zero se podía sentir lejos de sus padecimientos internos. Aceptó, desde ya, la presión de tener que desaparecer de nuevo, aunque no lo hizo sino hasta mostrar su gratitud:
-Zero, muchas gracias por haberme ayudado. Creo que podré dormir bien esta noche gracias a eso.
-Pues, mejor, porque una prefecta dormida no sirve para patrullar el colegio –espetó agriamente.


***


Al momento de ella refugiarse otra vez en su habitación, la noche terminó de caer. La luna brillaba con todo su poderío y el aire era aún más fresco y lozano, como la voz de esa chica. Zero Kiryuu se sintió, empero, a cada instante abandonado, como dos semanas antes. De alguna manera, y a pesar de haberse hallado junto a ella en lo que había sido esa tarde, extrañaba súbitamente su voz y se consternaba por si podría llegar a cumplir con su trabajo sinóptico y, a la vez, descansar de verdad. No lo podía evitar, pero su mente arrojaba de una muy persistente manera el mismo resultado luego de ir, en la soledad, tras una idea pacífica. Y ese resultado era siempre Kira, nombre que cada tanto se emanaba de la boca de ese caballero como un murmullo prohibido, y que quedaba perdido en la brisa nocturna hasta la regresiva caída del rocío que antecedía el amanecer en el galicinio.
Su garganta, ardiente con cotidianeidad, aún ambicionaba con fervor la sangre de esa mujer de sonrisa débil. Así, una enfermedad provenida de esa cruenta adicción fue tomando control sobre él, pero no tanto como un mal causado por esa locura, sino por una emoción profunda que había quedado vencida en el corazón del caballero tiempo atrás... y que ahora resucitaba con cada salida del sol.

(Capítulo 9 - Día Quince: Amenaza Exterior)

El director Kaien Cross habló con Chigima, el guardián de Kira, cuando supo que los prefectos querían ir a la ciudad. Surgió considerable tensión en dicho guardaespaldas que, aunque estuviera lejos de la mujer, nunca dejaba de pensar en ella como una hija y temblaba pensando que algún día los vampiros Nivel E del vengativo Seta Houki lograran encontrarla. Acordaron que, como no podían impedir que la dama saliera al mundo exterior de vez en cuando, Zero Kiryuu debería estar de su lado siempre para garantizar su seguridad, pues Chigima no podía perseguirla siempre para cuidarle las espaldas; Kira debía poder hacer su vida, después de todo, de una manera normal. Pero el miedo a que hubiera vampiros buscándola en la ciudad, ya se apoderaba de ellos...
Consecuentemente, el Director habló con Kiryuu antes de que éste fuera a desayunar. Lo único que quiso decirle fue que había una serie de personas que la estaba buscando para llegar hasta su padre, quien estaba tapado de deudas..., pero el chico sabía la verdad de todo y atrapó a Cross en la mentira.
-No tiene que decirme toda esa coartada. Ya sé lo que le sucedió a la familia Airen...
-Mmm... Oíste mi conversación con Chigima, entonces... –Se sentó frente a su escritorio, cruzando las manos en lo alto.
-¿Por qué hay tanto misterio alrededor de Kira? Todo lo que debo hacer es protegerla cuando salgamos...
-No es tan simple, Zero... Seta Houki es un vampiro tan poderoso como Rido Kuran, y hay quienes dicen que es aún más despiadado... Tiene una fuerza de voluntad muy potente y su sentido de la guerra entre cazadores y vampiros lo convierte en una bestia sumamente sádica. Esta Academia está resguardada, así que si Kira permanece aquí todo el tiempo, estará segura, pero Seta juró sobre la tumba de su prometida que no descansaría hasta beber la sangre del último Airen... Si llegara a descubrir que está aquí y, encima de todo, contigo, que asesinaste a uno de sus mejores amigos, nos cubriría una noche de pesadilla y la sangre volvería a correr. En el mundo de los vampiros, la familia Houki es prácticamente la más temida, porque aunque los Kuran y los Haze son fuertes, Seta y sus ancestros han siempre sido conocidos como los “condes de la noche”.
-Entiendo...
-Por eso, Zero..., debes prometerme que Kira volverá aquí sana y salva. Chigima me dio su confianza para cuidar de ella; si algo le sucediese...
-Puede descansar en mí, Director.
~~~
-¡¡Kira, corre!!
Sin parar a dudar, ella evadió a las seis diabólicas y escapó fugazmente. Al principio se tropezó con las heridas de sus miembros, pero era ágil como para compensarlo. Corrió con el alma y no miró atrás, aunque tuvo terror de que a Zero lo vencieran, y eso sería espantoso, pues sería su culpa.
Entre calles adoquinadas, la chica se fugó del peligro, pese a que el mismo fue tras ella jadeando de hambre y deseando con desesperación desgarrar la carne de su cuello delicado. Temblores de una persecución desaforada venían a sus espaldas... Pero Zero sabía que no podía dejar el destino de Kira librado a la suerte, e invocando sus poderes de vampiro, se libró de las garras de los Nivel E que entre varios aprovechaban para tajearlo del pecho para arriba. Gritó como un monstruo al pegarles y después los alejó con fuerzas aún más precisas, previo a tomar su arma que había quedado en el piso.
Todo ocurriendo al mismo tiempo, un tiempo efímero y oscuro, la joven de mirada azul no permitió que sus piernas se cansaran y terminó penetrando en una gran casa abandonada tras ser rodeada por otros agresores de ojos escarlatas y enloquecidos. Rompió la puerta de la entrada con un golpe de su brazo; estaba hecha de madera y las termitas ya la habían carcomido. Entró por un vestíbulo que olía a viejo y escaló unas escaleras lo más prestamente que pudo. Los vampiros que le seguían el paso parecían motivarse en aumento cuando jadeaba exhausta y horrorizada, y avanzaban como el diablo, exponiendo sus colmillos y bocas deseosas de sangre joven... Los peldaños chillaban y echaban polvo como fuentes de mugre mientras ella subió y subió... El látigo en su mano brillaba contrastando con ese ambiente oscurecido. Recuerdos de persecuciones anteriores, no muy lejanas en el pasado, volvieron a la mente de la chica cuyo corazón latía fuera de control y el pánico se apropió de sus piernas, haciéndola caer, mas miró atrás y vio la muerte venir, así que en un instante se recuperó y continuó subiendo hasta llegar a la parte más añeja del edificio. Un altillo colmado de palomas negras y telas de araña fue el espacio donde se adentró casi perdiendo el equilibrio sobre esos peldaños quebradizos. Y vio entonces un amontonamiento de trastos y cajas de herramientas a un costado del camino, justo en la entrada; como obstáculo, los arrojó todos contra la estampida de Nivel E que venía ascendiendo, y más de uno se lastimó gravemente. Cruzó la puerta abierta al interior del ático e inmediatamente una de las vampiresas taheñas saltó frente a ella desde el techo exterior atravesando el gran ventanal abierto con una vuelta por el aire. La bestia se sujetó del cuello de la mujer y la tiró al piso, lanzando tarascones en un intento de perforarla con sus dientes. La cazadora forcejeó para sacársela de encima, pero esa atacante era demasiado rápida y lograba mantenerse por sobre dicha víctima de ojos azules. Entonces vinieron más de esas hermanas pelirrojas y halaron el cabello de Kira para apartarla hasta un rincón más oscuro donde devorarla entre las seis. Los gritos de auxilio de la jovencita se combinaron con los feroces alaridos de las maléficas niñas que trataban tenazmente de morderla mientras ella se seguía resistiendo con la mínima porción de fuerza que restaba en sus músculos. Sin embargo, la estampida de la escalera había vuelto a la carga, y si se sumaban todos esos Nivel E, Kira estaría muerta.
Percibiendo el retorno de esos salvajes chupa-sangre, supo que tenía que ponerse de pie sin importar nada, y movió su látigo como pudo para ahuyentar a las vampiresas de melena roja. En efecto, retiraban la cara por miedo a ser tocadas por ese ágil material de poderes místicos, y ella podía al menos salir de esa postura de aplastamiento. Una vez de pie, las seis enviadas del infierno se lamieron los labios, pues estaban conscientes de que con ayuda de sus otros compañeros, tendrían un festín digno de saborear.
Kira se apoyó contra la pared y observó las fuerzas del mal avecinarse. En cuestión de segundos que parecieron durar más, en verdad pensó que ése sería el fin y, curiosamente, por su conciencia no surcaron las caras de sus familiares difuntos solamente, sino que el rostro sereno de Zero Kiryuu estaba al final, iluminado por un sentimiento profundo y solemne que se diferenciaba de todo lo demás. En sus manos apretó el látigo Ayilai y llenó su pecho de arresto para encarar las zarpas del enemigo a continuación...
-“Zero...” –dijo en su mente.
No obstante, casi como si ello fuera un llamado, el guardián de cabellera plateada irrumpió en la escena, viniendo detrás de los vampiros de la escalera. Corriendo como si persiguiera la inmortalidad, fue hacia los monstruos y los hizo polvo con golpes titánicos que resonaron en toda la casa. Con eso, las hermanitas del mal atisbaron su última oportunidad para comer, por lo que se arrojaron contra Airen berreando su locura vampírica. Ayilai voló por los aires también, como un azote del destino más breve, y la mujer luchó por evitar entrar en contacto con las alimañas, pero ya estaba muy exhausta (sin olvidar la enfermedad que había tenido en cama los días anteriores) y fue vencida. La retuvieron en el suelo y gimió de dolor justo antes de que las primeras dos, las líderes, le mordieran las muñecas. Aunque no fue tan doloroso, una lágrima saltó de uno de sus ojos y el interior de su cuerpo entró en un estado de emergencia que la hizo palidecer.
-Ze... ro...
Entonces una explosión de bizarría interrumpió el ataque. Era él, que, tras acabar con la vida de todos los Nivel E de la escalera, había llegado. Al contemplar la realidad de que su amiga estaba siendo mordida por unos vampiros tan bajos y desagradables, sus ojos rojos reflejaron la potencia del peor inframundo y gritó en contra de las niñas que lo miraron espantadas y con la boca llena de sangre. Su pistola Bloody Rose “Crossing” disparó así tres proyectiles que aniquilaron a tres de las criaturas, y a las otras tres, cuando intentaron escapar, las sujetó por los pelos y las lanzó con tanta fuerza, que las hizo atravesar el suelo hasta llegar a la planta baja.

  El caos había concluido.

(Capítulo 11 - Día de Gala: Vals y JPop)

(...) el caballero escoltó a la dama hasta su cuarto como a las cinco de la mañana. Todos dormían, y ellos daban vueltas entre la oscuridad como dos espíritus lozanos.
-Aún no sé definir si lo que estos pasillos de casa vieja transmiten es miedo o aflicción.
-Creo que cambia el hecho de con quién los camines.
-Sí, puede ser. Ahora que lo pienso, he tenido sueños con pasadizos así, sombríos, de paredes antiguas y alumbrados por lámparas de modelos viejos.
-Tú y tus sueños... A que eran malos.
-Oh, sí; no tenían nada de lindos. Creo que siempre había alguien siguiéndome o al final de las esquinas. E imagínate que en esos sueños yo no puedo dejar de caminar. ¡Es horrible!
-Je... Qué boba... ¿Para qué sueñas eso?
-Idiota, ¿acaso crees que yo lo planeo? ¡Es accidental! Por supuesto que yo quiero irme a dormir, cerrar los ojos y tener una vida en la que me case con un apuesto y encantador hombre dulce, y también en la que pueda manejar una motocicleta y ser una famosa cantante de pop y una exitosa mujer de negocios y quiero vivir en un mundo donde no haya sapos, pero mi torpe cabeza de globo no me da el gusto por lo general...
Zero río libremente ante la diversidad de alocadas ideas enunciadas por su compañera. Sin duda, lo que imperó en él fue la ternura de tener adelante una mujer pueril y aún lo suficiente madura como para sentirse orgullosa de ello y no avergonzarse.
Casi como si Kira lo oyera pensando eso, planteó una cándida pregunta:
-¿Piensas que soy infantil? Un tipo como tú, serio, de seguro--
-No, te equivocas. No creo que seas... esa clase de persona infantil.
-Entonces soy... ¿Cómo se dice...? ¿Chiquilina? ¿Babosa? Pero, ¡ey! ¡Cualquier calificativo que no me compare con el delegado de nuestro curso, por favor!
-No, Kira, para nada –respondió después de reírse-. El delegado es un tarado. Tú, en cambio, creo que eres dulce.
El rubor que le saltó a las mejillitas fue automático y casi delator. La joven no pudo retener sus labios de tratar de formar una sonrisa de ilusión. Quiso decir algo en el acto; algo como “gracias, pero aclaro que tu sonrisa es lo más dulce que he visto por aquí, así que me llevas ventaja” o “gracias, (atractivo) Zero, tú me endulzas todos los días” o inclusive “gracias, pero me falta más dulzor y quiero que tú me lo des”, pero finalmente quedó anulada en un silencio incómodo que duró varios metros. Zero, por su parte, hizo igual, inseguro también de sus palabras y de las decisiones que iba tomando.
En la puerta de la alcoba, se detuvieron. Por alguna razón, Kira estaba vacilando para decirle adiós al hombre, mas fuera hasta unas muy pocas horas después; las clases ya iban a empezar de nuevo.
-Bueno, Zero, gracias por acompañarme.
-Está bien. De hecho, yo debo agradecerte.
-¿Por...?
-Porque hoy actuaste como mi compañera muy bien. Quizás me faltan pruebas, pero creo que ya puedo confiarte mis espaldas en nuestra labor de prefectos.
-No sé por qué lo dices. No hice tanto.
-Pero todo lo hiciste con responsabilidad... Notaste desde un principio que había algo raro con Alika y Kadashi y no dudaste en ir tras ellos. Estuviste a mi lado todo el tiempo y actuaste con prudencia, Kira.
-No lo sé...
-Yo sí. Corriste hacia tu propia enemiga para sostenerla cuando se estaba desangrando. Ahora sé que harás cualquier cosa para proteger a los alumnos... Y eso me hace sentir tranquilo, porque sé que puedo contar contigo.
Kira sonrió con las mejillas ataviadas en tímido colorete y se miró los pies, confesando luego:
-Pues sí, puedes contar conmigo, Zero... Siempre.
-Gracias... Entonces..., nos vemos en unas horas. Trata de dormir algo.
-Tú también. Hasta mañana.
Él asintió con la cabeza y se volteó para irse. La chica, empero, se quedó mirándolo antes de poner la mano en el picaporte de su recámara. Y dicho guardián también la miró una vez más, como si se hubiera olvidado de decirle algo, y se encontraron en una línea visual delicada en la cual, entre la sorpresa y el sonrojo, él se dirigió a ella:
-¿Usarás el cabello suelto mañana?
-Ah... Tú, ¿quieres?
-Te queda bien.
-Mmm... Bueno..., está bien.
Zero parpadeó lentamente y le sonrió. Se fue a buen ritmo hacia su cuarto, donde no pudo dormir ni cinco minutos. Kira se recostó en su lecho.

La última palabra que cruzó por su mente previo a dormirse fue...


Zero

(Capítulo 12 - Día 25: Shopping con Condenación)

Probó primero con un local de indumentaria, pero no estaba segura de qué prenda podría estar deseando. Luego optó por accesorios, ya que los aritos de plata en sus orejas podrían ser indicio de que el muchacho era amante de los adornos chicos... Pero no había nada que fuera indicado... ¿Algo para su revólver? No quería entrar en la armería; estaba llena de hombres... ¿Quizás algo para comer? ¿Algo fino para comer en ocasiones especiales? Sólo los bombones o chocolates en cajas doradas parecían buena idea, pero él no era goloso... Vio una pintura impresionista en una galería, que era bastante buena, aunque él nunca había manifestado agrado por las artes plásticas... ¿Un libro...? Zero era inteligente, de seguro le gustaría leer un buen libro... Sin embargo, ¿de qué género? Kira pasó casi cuarenta y cinco minutos luchando con esa cuestión y aún no podía vislumbrar qué darle el miércoles. Se paró a descansar en una plazoleta.
La ciudad era amarilla; los adoquines parecían ser siempre reflejados por un sol de arena que asaba la imagen de dicho pueblo. Y pese a que había incluso familias caminando por las calles, ella no podía evitar recordar con terror lo que había sucedido la última vez en esa localidad.
No obstante, no por nada Cross y Chigima se preocupaban tanto por que fuera expuesta a los ojos del exterior... Imprudencia. Había huido para que nadie la detuviera justamente porque sí la estaban buscando, y los ojos del enemigo ya la tenían atrapada en un foco fatal. Un hombre de cabello marrón claro era gacela entre las tinieblas de la metrópolis y se sonreía al reconocer la figura sensual de Kira Airen, quien no acusó recibo de esa vigilancia negativa. Tras estar seguro de lo que había encontrado con su mirada de vampiro sucio, el peón reintegrado de la familia Haze identificó el uniforme negro que portaba la mujer y marchó discretamente hacia el cuartel sombrío donde el Conde de la Noche, Seta Houki, bebía litros y litros de sangre a diario, de copas de oro oscuro. Su hogar era un edificio antiguo repleto de gárgolas y pinturas tétricas que suspendían la maldad de su corazón roto, y varios sirvientes lo rodeaban para servirle como a un rey. De sus ojos de Sangre Pura se emitía un odio enfermo que hipnotizaba el espíritu de cualquier presa, y su piel era tan blanca como la luz de la luna. Su cabellera era plateada como la de Zero, pero llegaba hasta sus pectorales. Sus labios eran negros; parecían teñidos con sangre a lo largo de los años, y sus uñas crecidas y puntiagudas, junto con sus músculos marcados, transmitían una idea de salvajismo. Nadie se atrevía a hablarle excepto sus socios de la familia Haze y el más cercano de los siervos, un anciano ciego y de vasto conocimiento. Amaba la música gótica y siempre había un grupo de tres o cinco intérpretes que generaban música ambiental que henchía su alma de regocijo.
Entonces vino ese anciano de ojos muertos, escoltando al peón de melena castaña clara.
-¿Qué es lo que deseas, Naoya? –Seta Houki dijo con su sacra voz suave hacia el siervo maestro.
-Señor Houki, el caballero Haze ha venido a confirmar sospechas. Desea dirigirse a usted para comunicarle algo que lo hará sentir regodeado.
-Ah, ¿sí...? Habla, tú, peón de los Haze...
Causaba escalofríos oír la voz de ese conde sanguinario.
-Mis respetos a usted, conde Seta Houki. Vengo a dar fe de lo que he visto esta mañana en la ciudad Fukuoka.
-¿Acerca de...?
-Señor conde, he visto con estos mismos ojos que la hija de cazadores, Kira Airen, se encuentra en la Academia Cross. Zero Kiryuu es, por ende, par suyo en el instituto.
El vampiro líder se sonrió perversamente y se relamió los labios... Tras tomar un largo sorbo de sangre más, siguió hablando:
-Felicitaciones, Haze... Tus esfuerzos han dado frutos... Informaré a tu amo acerca de esto... y serás recompensado... ahora.
Como era sabido, tener una conversación con Seta, por más breve que fuese, exigía sangre como retribución. Muy pocos podían darse el lujo de evitar ese condicionante, por lo que el peón de los Haze dio unos pasos hacia el Conde de la Noche y exhibió su cuello ante el mismo. Con fuerza y deseo, el gran vampiro enterró sus colmillos en su presa y chupó una buena dosis de sangre que lo hizo sentir todopoderoso.
Cuando terminó, el peón se tambaleó y se retiró de la sala con una reverencia y el vampiro de cabellera plateada dijo a Naoya en un tono lujurioso y aterrador:
-Llama a los fieles. Reúnelos. Diles... que tenemos una presa fácil... y que viene por dos.
-Sí, señor Houki. De inmediato.

“La noche vendrá... teñida de sangre”

Eso dijo finalmente, mirando el techo negro de su morada fría y sonriendo con sus prominentes colmillos.

~~~
En el día siguiente, el sábado, y pese a que Zero había sido claro en cuanto a que no quería recibir muestras de cariño empeñado, la encontró en la cocina bien temprano leyendo un libro de cocina. Evidentemente estaba buscando una receta para él. Aplastó los ojos con las cejas y la censuró callado.
-¿Qué? –dijo ella, alzando su cuello e ignorando por completo aquel ceño fruncido.
Caminó hasta su lado y le cerró el libro decididamente. Con aplomo en los ojos, la acechó cara a cara.
-Te dije que no quería nada para el miércoles.
-¿Tanto problema te haces? De acuerdo, olvídate de que sea tu cumpleaños; cocinaré algo interesante sólo porque sí, ¿está bien?
-¿Porque “sí”?
-Sí, porque sí.
-No me fastidies. ¿Acaso haces esto porque no puedes estar pendiente de otra cosa que no sea yo?
-¡Ah, bieeeen, no te ames tanto! –Impostó la voz y lo burló simulando ser él que hablaba: -“Esta tarada no tiene nada mejor que hacer que mirarme a mí, porque soy genial, porque soy el grandioso Zero Kir--”
La silenció de la misma manera que antes; una mano le tapaba la boca, la otra le sostenía la nuca. El recuerdo del acercamiento del día anterior bajo el árbol surcó la mente de Kira por un instante.
-Deja de molestarme y hazme caso, ¿sí? No quiero sentir culpa por ti más tarde ni tampoco estar en deuda.
Ella hizo fuerza y se destapó la boca. Sostuvo la mano de Zero en la suya.
-No estarás en deuda conmigo nunca. ¿Nunca oíste hablar de la gente que hace buenos gestos simplemente porque quiere? En serio; relájate.
-Para mí, las personas que tienen buenos gestos sin motivo aparente es porque o desean algo encubiertamente o porque están un poco desesperadas por afecto... o bien porque están locas.
-Pierde cuidado, no estoy anhelando tu afecto desesperadamente.
-Ah, pero, ¿no decías que te iba a querer demasiado cuando supiera qué estuviste haciendo en la mañana de ayer? –A la sazón, ató cabos. Se puso aún más serio e incluso entornó el rostro en un mohín de arrebato temible. –Lo que hiciste no tenía nada que ver con mi cumpleaños, ¿no? Te mato.
-¿No era que no tenías cumpleaños? –dijo, inmune al tono cabreado de su amigo.
-¡Ya, basta! ¡Me estás irritando mucho! ¡Vete de aquí y llévate este libro!
La empujó fuera de la cocina mientras ella retuvo el mismo contra su pecho. A pocos pasos de cruzar la arcada fuera del lugar, sin embargo murmuró:
-Como si hiciera falta estar aquí para leer...
-¿Qué? –exclamó.
Sin voltearse, al continuar caminando, Kira sonrió y empezó a tararear la melodía de “Birds”. Dobló y tomó el pasillo que la condujera a su habitación o a cualquier sitio tranquilo, aunque no duró mucho, tras ser atajada por una mano firme que le tiró de la ropa que le cubría la espalda. Sus pies entorpecidos fueron en marcha atrás hasta pisar la punta de las zapatillas de Zero. Hizo un esfuerzo para no chocar contra su pecho y él le arrebató el libro de entre las manos. Lo mantuvo en alto y evitó que ella lo recuperara.
-¡¿Qué haces?! ¡Devuélvemelo!
Estiró su brazo para alcanzarlo y también se puso en puntas de pie, pero no llegó.
-Olvídalo –contestó-. No me haces caso cuando te hablo bien.
-¡No estoy tratando de hacerte un mal, idiota, devuélvemelo!
-En definitiva es mi cumpleaños, ¿no? Y si yo digo que no harás nada por mí, no harás nada por mí.
-¿Por qué tienes tantos complejos? Eres un cabezón amargado. ¡Dame el libro!
-Podrás leer cuando te compres uno tú misma. Éste es del Director, así que técnicamente no tienes derecho a hacer lo que te plazca con él.
-¡Bien! –espetó, desistiendo y bajando el brazo. Se dio media vuelta y declaró, yéndose de nuevo: -Buscaré en la biblioteca.
Zero dio tres pasos gigantes hasta colocarse frente a ella. Intentó esquivarlo y él copió sus movimientos.
-Ahora, ¿quién está siendo fastidioso?
-Basta, Kira, no insistas más.
-Te molesta que no me termine de rendir –alardeó sonriente.
-¡Sí, me molesta mucho! ¡Dices que yo soy cabezón, pero tú no quedas atrás!
-¿Prefieres una compañera sumisa y sin carácter? –siguió, ahora pegándole en la nariz con un tintineo del dedo índice y el pulgar.
Zero le agarró la mano y le gruñó:
-¡¿Acaso tengo que atarte para que dejes de ser tan inquieta?!
-¡Inténtalo!
El siguiente paso que el joven hombre dio los sorprendió a los dos por igual, pues no fue meditado ni previsto. Con la mano que sostenía la de Kira, Zero hizo presión, empujándola. De la otra dejó caer el libro de cocina y le rodeó la muñeca de la restante mano libre. Avanzó y encerró a la chica bruscamente contra la pared. Se miraron... El corazón de ella latió tan fuerte, que por no poco no era posible oírlo. Se sintió como un despiadado ronroneo en el pecho que paralizaba a todo el resto del cuerpo.
Le susurró, dominándola...:
-No me provoques.
Kira frunció el entrecejo y, no obstante, ofreció resistencia.
-¿Me estás amenazando?
Furiosamente, él le apretó los dos cachetes con una mano, callando toda posible réplica.
-Si no te ato, te pego, pero algo te hago.
Ante la imposibilidad de responder, ella cerró los ojos y alzó las cejas. Le faltó encogerse de hombros.
-¿Vas a parar?
La prefecta se dio el tiempo para manifestar aceptación. Le mantuvo la mirada, desafiante de lo neutra y aplacada que era, y finalmente asintió con la cabeza.
Zero, en consecuencia, le soltó la cara, aunque continuó aprisionando una de las manos. Entonces vino el silencio, que les permitió perderse uno en los ojos del otro. Como si no hubiera sido electrizante lo ocurrido sólo veinte horas antes...
Quien interrumpió (quizás el término es “salvó”) el momento fue Kaien Cross, quien venía de podar sus canteros y trataba de llegar a la cocina para servirse una taza de té. Se quedó literalmente congelado en el lugar ni bien vio a sus protegidos retirados contra el muro en esa posición tan comprometedora. Sintió ganas de sonreír, y lo hizo luego de abrir grandes los ojos, absorto.
-¿A qué están jugando, niños? –preguntó entonces, alegremente, casi estúpido, para variar.
-¡No estamos jugando! –Kiryuu exclamó mientras se alejaba de Kira como si ésta de pronto tuviese lepra.
Ella trató de ser disimulada a fin de rescatar el libro de cocina abandonado en el suelo, pero Zero le pisó la mano un instante antes de tomarlo. Entretanto aquélla se quejó, gruñó y le pellizcó la piel de los tobillos, él explicó haciendo uso de un tono cordial, claramente forzado sólo para que el Director desapareciese:
-Simplemente Kira y yo estábamos discutiendo... un asunto acerca de..., ya sabes..., cosas que no se pueden decir en voz alta.
El hombre de anteojos respondió de la siguiente manera:
-¡Aaaah, claro, ya entiendo! ¡Por eso estaban tan juntitos...!
-Clar-- ¡¿Q-Qué?! ¡No! ¡¿“Juntitos”?! ¡No, “juntitos”, no! ¡¿Qué demonios dices?!
La chica no se tragó las palabras. Chilló:
-¡Zero, maldito seas, idiota, levanta el pie! ¡Me duele, estúpido!
A la vez que la liberó, también se colocó en cuclillas para apropiarse nuevamente del libro. Lo ocultó dentro de su camisa gris y se dirigió a Cross, espantado con la forma en que Kira aullaba y se sostenía los dedos enrojecidos:
-No quiero oírte decir algo como eso de nuevo, ¿he sido claro? Y este piojo que trajiste a la Academia, te cuento, no hace más que sacarme de quicio. Eso ¡también!... quiero que se entienda –terminó, violentamente girando hacia un costado evitando que la chica le metiera la mano dentro de la ropa.
El líder del colegio estaba azorado. Azorado por la violenta y aún cómica escena, por el cómodo desenvolvimiento de Kira Airen al usar tres insultos en sólo dos frases pequeñas, por la inusitada vivacidad de Zero Kiryuu y, sobre todo, por atraparlos en un momento tan incómodamente privado. No le quedó más opción que cerrar los ojos y seguir su camino hasta la cocina. Desfiló lentamente entre ellos.
-Qué bueno que se estén llevando tan bien...
Zero lo siguió con la vista cuando lo oyó decir eso y con ese tono triunfal que echaba por tierra todo el desprecio que el chico acababa de manifestar por su compañera. Dejó pronto de mirarlo, al sentir una bofetada contra su mejilla.
-¡E-E-Ey! ¡¿Estás loca?!
-¡Eso va por pisarme la mano! Tarado...
-Bah, a que no fue para tanto. A ver, muéstrame.
Le dejó notar que los nudillos habían resultado raspados; de uno se traslucía mucha sangre. La piel exhibía una roja coloración y amenazaba con inflamarse. En realidad, el muchacho se sorprendió.
-Oh, no exagerabas... Perdóname.
-Claro, “perdóname”, ahora que ya la machucaste. Seguramente lo hiciste a propósito para que no pueda cocinar.
-No, idiota, no quise lastimarte. Ven, ¿me dejas que lo arregle?
¿Cómo iba a continuar enfrentándosele si la hechizaba de tal irremediable modo? Su garganta fue obstruida por un placentero nerviosismo adolescente y recurrió, por ende, a asentir con la cabeza.
~~~

Pasada la excitación de aquellos enfrentamientos que ambos disimulaban en una farsa de comicidad, Zero Kiryuu descansó y patrulló solo, mientras ella se refugió un poco en la oficina del Director a conversar con él y luego visitó, y más allá del asunto del libro de cocina, la biblioteca del colegio. No era muy grande, pero estaba muy bien equipada. Era frecuentada, mas no demasiado, y siendo sábado, pudo sumirse en el silencio de la literatura durmiente. Dejó la puerta entreabierta luego de ingresar y paseó cuidadosamente entre las góndolas. La luz amarilla de la tarde desfiló a través de los vidrios de un trío de ventanas altas y se zambulló sobre los tomos más antiguos y polvorientos, los menos consultados pero más solemnes. La madera de los estantes era vieja, seca, pero tan formidable como el espíritu de ese santuario y tan resistente como la verdad que perdura en las hojas. Sobre los flancos del cuarto había mesas con pilas irregulares de más libros. Las únicas dos sillas disponibles también llevaban largos años de uso, y había más, pero estaban cubiertas por columnas de novelas y ensayos de fechas mezcladas.
Los pasos de Kira entre las góndolas eran sordos, opacos. Por un momento pareció que ni su respiración tenía tono. Era lógico, porque si un libro habla, ¿cuánto diría una biblioteca entera? Los humanos, en esa tierra, no tienen voz; sólo deben escuchar.
Al pasar, rozó con las puntas de los dedos los lomos de los libros más sobresalientes. Escabulló la mirada por entre las letras de los títulos, algunas más marcadas que otras a causa de la erosión del tiempo. La emoción de la paz en su más sagrada forma por momentos la hizo sentir escalofríos y hasta ganas de llorar. Recordó el amor que su hermano Itsuki sentía por la literatura y recordó sus sueños de convertirse en escritor y llevarla a conocer con él los destinos más suntuosos del mundo. Habría sido su baja autoestima lo que no le había dado la oportunidad de tener esa vida más temprano; una vida que tal vez lo habría salvado de morir a manos de un vampiro colérico.
No pudo contener las lágrimas, mas no sintió temor ni vergüenza, pues los libros saben guardar secretos. Se sentó en el piso con la espalda contra las patas de una de las sillas ocupadas y se hizo un ovillo. Se abrazó las piernas dobladas y enterró la cara entre las rodillas y el pecho. Libre, sollozó, mas el sonido se fugó, tragado por la magnificencia que acunó su pesar.

“Quiero ser escritor para que pase el tiempo y la gente me recuerde, que sepa quién soy y quién fui”
“Yo te recordaré, Itsuki. ¿Para qué quieres que la gente lo haga?”
“Je... Tienes razón. Contigo solamente debería bastarme, ¿no?”
“Escríbeme un cuento sobre nosotros”
“¿Sobre un hermano gordo y una hermanita fea?”
“¡Tonto! Escribe algo bonito”
“Entonces será sobre un muchacho con muchos granos y una hermanita menor bien narigona... ¡y que tenga piojos! ¡Muchos piojos!”

  En la oscuridad del hueco en el que respiraba, sonrió, y las lágrimas le pasaron por encima de los labios tensos. Rió después, más abstraída en la memoria y, por ende, más aquejada por el dolor. Sintió el deseo de contarle a alguien todo lo que estaba soportando sola. Pensó en Zero, quien cuadraba perfectamente con la idea del salvador que quería para su vida tormentosa, pero el miedo a no corresponderle fue abrumador. El no poder mirarlo directamente a los ojos sin sentir que se le cerraban las vías respiratorias atentaba contra ello también. Se dispuso a aguantar sin la ayuda de nadie y dejó que el murmullo de los libros la acunara hasta caer, efectivamente, dormida.

(Capítulo 13 - Día del Mes Dos: Sangre)

-Zero..., yo te salvaré.  Ojos rojizos expusieron sorpresa y agotamiento.  -Tú me dijiste que podía contar contigo para decirte lo que siento. Bien, por eso..., te prometo, Zero, que si tú confías en mí..., yo te ayudaré en cualquier cosa... y siempre te creeré... Eres mi mejor amigo... Yo quiero protegerte.  El chico gimoteó al dar sus últimos esfuerzos por vencer al animal dentro de él... Temblando y al borde de la perdición, sintió que ya no podía aguantarlo más y le susurró al oído, entre hipidos:  -¿M-Me... perdonarás... sin importar lo que pase...? Sin importar nada..., ¿aún seré... tu amigo...?  -Siempre.  Al oír esa respuesta, ya no pudo continuar. Su resistencia había alcanzado toda posible frontera y ya no podía seguir ignorando los gritos de su salvaje espíritu. Su mirada roja desprendió unas lágrimas finales y su boca se acercó al cuello tibio de la chica que, sin entender nada, no se resistió ni tampoco comprendió qué pasaba sino hasta después de que así ocurrió...: apenas un poco él corrió el borde del saco negro para hacerse espacio y acercar sus colmillos antes de, finalmente, enterrarlos en la piel de Kira. Sin ella poder creerlo, mil cosas estallaron en su cabeza mientras experimentó el dolor físico más agudo de su vida. Su esencia escapaba por dos agujeros y los labios de Zero, posados en su garganta, la hicieron víctima de severos escalofríos. Su leal compañero era una criatura como aquellas que habían dado fin a la vida de sus familiares... y todo este tiempo lo había ocultado. El desgarro de su cuello no parecía tan terrible comparado con lo espeluznante que resultaba chocar con esa realidad. Zero respiró agitado mientras bebió aceleradamente la sangre de la jovencita y no la dejó ir, porque la mantuvo aprisionada contra su pecho de gladiador y la encerró con sus piernas. El sonido gutural que interpretó al tragar la sangre era demoledor y pavoroso, y se fijó en los oídos de Kira, quien le sujetó los brazos y gimió agobiada.  -Ze... ro... Tú...  Parecía nunca acabar. Estaba tan hambriento, tan desesperado, desde el día en que Zashi la había herido. Desde entonces, siempre había deseado su sangre y recién ahora hallaba consuelo para su cuerpo. No quería soltarla. En ese cuello estaba la paz para él y recobraba la energía que perdía todos los días que se privaba de ese sabor. Era tan tortuoso, tan corrosivo... Impulsado por una pasión que rayaba la gula y el erotismo, el vampiro de cabello platinado enterró sus dientes con aún más fuerza y la chica quiso gritar, pese a que él le tapó la boca y le robó sus últimas gotas de sangre.  -“Por favor... –pensó ella-, no me hagas daño... No me mates... Tengo... tanto miedo..., pero..., Zero...”  Los labios del joven se separaron una pizca y más sangre chorreó de la herida. La lamió en un gesto de seducción en potencia y luego volvió a succionar más, pero principalmente con la presión de su boca y no tanto con sus colmillos que dañaban con filosa precisión. Encima de la lesión abierta, un hematoma quedó como cicatriz en el cuello y ninguno de los vampiros afuera se percató de ese acto de osadía. Las paredes frías del baño guardaron el secreto.


Índice de la versión impresa a tamaño A4


TENSHI
Día Inicial: El Advenimiento................................................................11
Día Primero: El Aprendizaje................................................................18
Día Segundo: Casi.................................................................................25
Día Tercero: De a Poco.........................................................................39
Día Cuarto: Compañera........................................................................51
Día Posterior: Expectativas..................................................................60
Día de la Inocencia: Claroscuro............................................................64
Días Después: Delicadeza.....................................................................80
Día Quince: Amenaza Exterior.............................................................88
Días de Espera: Entretiempo................................................................99
Día de Gala: Vals y Jpop.......................................................................101
Día Viernes 25: Shopping Con Condenación.......................................118
Día del Mes Dos: Sangre.......................................................................131
Día de Post-Cumpleaños: Paz Falsa.....................................................155
Día de Tensión: Agüero Negro..............................................................172
Último Día: Te Necesito........................................................................181
Noche Enemiga: Cacería.......................................................................190
Noche Desastre: Terror.........................................................................201
Noche de Vampiros: Calamidad...........................................................209
Noche Final: Promesa...........................................................................220

TENSHI STRIFE
Noche Cero: Génesis Reiterado.............................................................227
Noche del Retorno: Hogar Mordaz.......................................................235
Noche Iniciación: Hermano Nuevo.......................................................246
Noche Estrés: Señales De Un Crudo Mañana.......................................259
Noche de Pesares: Día a Día..................................................................272
Noche Extraña: El Tercero....................................................................275
Noche Resistencia: Ceremonias............................................................285
Noche de Funerales: Crimen y Traición................................................295
Noche Patrulla: Sara Shirabuki.............................................................308
Noche Laboriosa: Quiero Escapar.........................................................318
Noche de los Celos: Negación y Caída...................................................328
Noche Lacrimosa: Gomenasai...............................................................339
Noche Divorcio: Sólo Un Cazador.........................................................362
Noche Militar: Presidente......................................................................370
El Amanecer y el Monstruo: Omoidasu.................................................385
Día Nuevo: Rendez-Vous.......................................................................403
Día de Reordenamiento: Dinamismo Alentador...................................425
Día de Pasión: Genie..............................................................................448
Día de Salvación: Juntos........................................................................471
Día de Luz: Guerra y Amor [Parte I] .....................................................489
Día de Luz: Guerra y Amor [Parte II] ....................................................507

EPÍLOGO:
Miku y Nori.............................................................................................535



Imágenes diseñadas por las lectoras Lilith Kiryû Michaelis Hitachiin D. Cifer, Rebeca Kuran Jeaguerjaques D' Griffel Montouis y Carolina Kurosaki Kain Von Radquiel Granz. Todos los créditos son suyos. ¡¡Muchas gracias por su gran trabajo!!











Fotos de la única versión impresa

 

 

 
























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